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La rana que quería ser una rana auténtica

11 Ago

Augusto Monterroso

Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Fin

PDF: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKd0pGRDRvSkxXMlE/view?usp=sharing

 

Ver “Varios cuentos” en YouTube

14 Mar

Fragmento de la presentación del libro “Nadie se va todos están aquí” del escritor Alfredo Blancas.

Narración de los cuentos sufíes: “Buena o mala suerte”, “Sólo quiero aire”, “La opinión de los demás”, un cuento de Chuang Tzu “El sueño de la mariposa”, un poema que se le atribuyó erróneamente a Jorge Luis Borges “Instantes”, un cuento de Rumi “Tres consejos” y finalmente un cuento de Augusto Monterroso “La honda de David”.

Tres consejos

7 Mar

TRES CONSEJOS
Rumi

Un hombre atrapó a un pájaro en una trampa. El pájaro dijo:

-Señor, has comido muchas vacas y ovejas a lo largo de tu vida y todavía sigues hambriento. La poca carne de mis huesos tampoco te dejará satisfecho. Pero si me dejas ir, te daré tres consejos de sabiduría. El primero te lo daré en la palma de tu mano, el segundo en el tejado y el tercero en una rama de aquél árbol.

El hombre se mostró interesado. Liberó al pájaro y lo puso en la palma de su mano. Entonces escuchó el primero:

-No te lamentes por el pasado, ya pasó.

Y el pájaro voló al tejado, desde allí le dijo:

– No creas en cosas absurdas, las diga quién las diga.

Luego continuó diciendo:

– En realidad, yo llevo una gran perla escondida en mi cuerpo con un peso como de diez monedas de cobre. Iba a ser una herencia para ti y tus hijos, pero ahora la has perdido. Pudiste ser el hombre dueño de la perla más grande que existe, pero, evidentemente, ya no es así.

El hombre empezó a soltar alaridos y maldiciones. El pájaro le dijo:

-Señor ¿no te acabo de decir que no te lamentes por el pasado? También te dije que no creyeras en cosas absurdas, las diga quien las diga. Si yo llevara una perla tan grande ¿podría acaso siquiera levantar el vuelo? ¡Pues claro que no!

Entonces el hombre se calmó y pidió el tercer consejo. El pájaro voló a una rama del árbol y desde allí le dio el tercer consejo:

-Felicidades, has hecho muy buen uso de los dos primeros. Ahora que ya estás más despierto, escucha el tercero: no des consejo a quién esté aturdido o durmiéndose, es como sembrar en la arena.

Fin

PDF para descarga: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKRVcyLTA3dTJRLXc/view?usp=sharing

 

Buena o mala suerte

2 Feb

Buena o mala suerte
Cuento Sufi

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casa del campo, tenían un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, así que el caballo era su bien más preciado.

Un día el caballo escapó saltando por encima de las cercas del corral. El vecino al percatarse de este hecho fue corriendo hasta las puertas del hombre diciendo:

-Tu caballo se escapó ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Mala o buena suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasaron algunos días y el caballo volvió a su corral con diez caballos salvajes que se le habían unido en su aventura. El vecino que estaba al tanto fue a verlo y le dijo:

-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez más. Podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido.

-¿Buena o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Un día, el hijo del hombre montaba a uno de los caballos salvajes para domarlo, pero cayó del caballo y se rompió una pierna. Otra vez el vecino fue a verlo y le dijo:

-Tu hijo se accidentó y ya no podrá ayudarte, tú eres muy viejo y no podrás solo con los trabajos del campo, ¡qué mala suerte has tenido!

-¿Mala o buena suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó el tiempo y en aquél país estalló la guerra con el país vecino, entonces el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al del hombre lo dejaron por estar imposibilitado. El vecino fue corriendo a decirle:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo dejaron por su pierna rota, ¡qué buena suerte la suya! ¡Qué mala suerte la nuestra!

-¿Buena o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

FIN

El cuento pudo extenderse infinitamente hasta que el vecino comprendiera que la buena o la mala suerte no existen y para resumirlo en un dicho muy popular, “no hay mal que por bien no venga” o, ¿no hay bien que por mal no venga?

Nada es bueno, nada es malo, ¿quién se atrevería a cuestionar al Todo?

Enlace para descarga:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKWVpmWHZRLXpPSVE/view?usp=sharing

Semana dedicada a Poe

21 Jun

En el grupo que ahora tenemos en Facebook, estaremos dedicando esta semana a Edgar Allan Poe, así que te invitamos a unirte al grupo y compartir tu gusto por este y otros autores.

Te esperamos!

Iniciando lectores

10 Jun
Mi padre, o por qué soy escritora, o Don Mariano y la tribu de los Freixolinis: Madre leyendo

Ilustrador: Joaquín Santamaría Morales

Es un nuevo grupo que hemos empezado a crear en Facebook, y digo “hemos” porque es gracias a quienes se han empezado a unir que esto empieza a funcionar. Actualmente ya hay casi 100 miembros y algunos ya han empezado a colaborar con sus recomendaciones, pues el objetivo principal del grupo es iniciar lectores y para ello los que ya llevan experiencia leyendo están haciendo sugerencias para los que inician. Compartimos enlaces a páginas de literatura, videos en Youtube donde haya relatos, cuentos, poemas, historias o cápsulas literarias. Es un verdadero gusto haber iniciado esta aventura y más el darnos cuenta de que cuando hay un objetivo por alcanzar y que sabemos traerá un beneficio a nuestra cultura, todos tenemos algo que aportar.

No te quedes con las ganas de unirte.

http://www.facebook.com/group.php?gid=133228316693719

Aquí también puedes descargar la hoja que se reparte en el metro. Si la puedes imprimir, sacarle copias y distribuirla por donde andes sería genial y también si la quieres mandar por correo a tus contactos está bien, todo ello para seguir fomentando el hábito de la lectura:

Cuatro cuentos de Borges

Sofia

18 May

En esta ocasión tengo el gusto de compartir con ustedes esta animación hecha por Elie SantHoz y Nayely Sánchez, alumnas de la UAM Xochimilco y narrada por un servidor. Qué la disfruten!

Cuento en el metro

12 Jun

“La mosca que soñaba que era un águila” es un cuento de Augusto Monterroso en ésta ocasión narrado por  Martín Dupá quien se caracterizó como payaso en los vagones del metro de la “Línea 2”. Hace muchos años que no lo hacía y se siente muy contento… jajajajaja. Incluso le ha dado por escribir éste post en tercera persona. Así que amigos no se escriba más y aquí les deja el video eh!!!

Saludos letransfusionados y alucinados! 😉

Augusto Monterroso

28 Feb

Hace poco, escuchando a uno de mis compañeros, Valentín llamó mi atención con lo que relataba. Luego comentando con otros amigos el relato que escuche, uno de ellos me dio a conocer el nombre del autor y me puse a buscarlo para llevar sus extraordinarios relatos al vagón:

El eclipse

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.

Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.

Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.

Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.

-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.

Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.

Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

El grillo maestro

Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.

Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.

La oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

La mosca que soñaba que era un águila

Había una vez una Mosca que todas las noches soñaba que era un Águila y que se encontraba volando por los Alpes y por los Andes.

En los primeros momentos esto la volvía loca de felicidad; pero pasado un tiempo le causaba una sensación de angustia, pues hallaba las alas demasiado grandes, el cuerpo demasiado pesado, el pico demasiado duro y las garras demasiado fuertes; bueno, que todo ese gran aparato le impedía posarse a gusto sobre los ricos pasteles o sobre las inmundicias humanas, así como sufrir a conciencia dándose topes contra los vidrios de su cuarto.

En realidad no quería andar en las grandes alturas o en los espacios libres, ni mucho menos.

Pero cuando volvía en sí lamentaba con toda el alma no ser un Águila para remontar montañas, y se sentía tristísima de ser una Mosca, y por eso volaba tanto, y estaba tan inquieta, y daba tantas vueltas, hasta que lentamente, por la noche, volvía a poner las sienes en la almohada.

La fe y las montañas

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de fe.

***

Augusto Monterroso nació el 21 de diciembre de 1921 en Tegucigalpa, capital de Honduras. Sin embargo, a los 15 años su familia se estableció en Guatemala y desde 1944 fijó su residencia en México, al que se trasladó por motivos políticos.

Narrador y ensayista guatemalteco, empezó a publicar sus textos a partir de 1959, en ese año salió la primera edición de Obras completas (y otros cuentos), conjunto de incisivas narraciones donde comienzan a notarse los rasgos fundamentales de su narrativa: una prosa concisa, breve, aparentemente sencilla que, sin que el lector lo note en una primera lectura, está llena de referencias cultas así como un magistral manejo de la parodia, la caricatura y el humor negro.

Tito, como lo llamaban sus allegados, el gran hacedor de cuentos y fábulas breves, falleció el 7 de febrero de 2003.Dodo

Obra y crítica

Es considerado como uno de los maestros de la mini-ficción y, de forma breve, aborda temáticas complejas y fascinantes, con una provocadora visión del mundo y una narrativa que deleita a los lectores más exigentes, haciendo habitual la sustitución del nombre por el apócope. Entre sus libros destacan además: La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1972), la novela Lo demás es silencio (1978); Viaje al centro de la fábula (conversaciones, 1981); La palabra mágica (1983) y La letra e: fragmentos de un diario (1987). En 1998 publicó su colección de ensayos La vaca.

Su composición “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, estuvo considerada como el relato más breve de la literatura universal durante muchos años, hasta la aparición de “El emigrante” de Luis Felipe Lomelí (¿Olvida usted algo? -¡Ojalá!). En 1970 ganó el premio Magda Donato, en 1975 el premio Villaurrutia y en 1988 le fue entregada la condecoración del Águila Azteca, por su aporte a la cultura de México. En 2000 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en reconocimiento a toda su carrera.

Seguir leyendo: http://es.wikipedia.org/wiki/Augusto_Monterroso

Descarga el PDF: augustomonterroso1.pdf

Nora I

8 Jun

Hace unos días ando acechando al recuerdo para darle caza. La temporada de veda se acabó, es tiempo de tomar el rifle y salir con mis sabuesos a cazar recuerdos…

¡QUÉ PUTA MIERDA ES LO QUE ME IMPULSA A ESCRIBIR!

Vaya, ni tan siquiera me había tomado la molestia de revisar que no estuviera esta madre en mayúsculas, de tal forma que la primera línea ha quedado como si estuviera gritando. De cualquier manera, así está bien, la verdad es que ese grito, quizá inconsciente, es lo que necesitaba, sí: un grito instintivo; un grito visceral; un grito espontáneo.

Ahora recapitulemos. ¿Cómo estaba hoy por la tarde? Sí, pregunto ¿cómo estaba allí en la cocina de los Hare Krishna? Mal, completamente mal, en estado depresivo de lo peor que me ha pasado por estos días. Y es que para acabarla de chingar, se sentó en mi mesa (digo la mesa donde estaba comiendo, que evidentemente no es mía) un viejo que me recordó a mi padre. Ajá, otra vez mi padre al que no veo desde hace ya muchos años. Lo imaginé hoy así, viejo. Mi padre. Ya debe tener más de ochenta años, actualmente tengo treinta y dos años. Cuando vine al mundo mi padre andaba por los sesenta años, lo que significa algo asombroso para muchos, pero si ustedes lo hubieran conocido por ejemplo, cuando yo tenía ocho años y que el ya andaba cerca de los setenta, no sería mucho el asombro de que me haya concebido a su edad porque siempre se mantuvo en forma: baños de agua fría; se iba temprano a la cama; buena alimentación con muchas verduras y poca carne (en especial evitaba la de cerdo); mucho ejercicio, aunque no como ahora se acostumbra yendo al parque o al gimnasio, no, el era amante de los trabajos duros y pesados, esa era su forma de hacer ejercicio. También gustaba mucho de caminar y más que nada en el mundo, de fornicar. Con varias amantes en la misma colonia donde vivíamos, copular era uno de sus pasatiempos favoritos. Quizá lo hacía con o por amor, eso nunca lo supe. Sigue leyendo

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