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Las nueve vacas

28 Nov

“Las nueve vacas” es uno de esos cuentos que no podría narrar en los vagones del metro por su extensión, quizá más adelante haría algunas adaptaciones para poder hacerlo. Mientras tanto es uno de los que he incluido en mi repertorio para eventos.

¡Saludos y éxito!

En Youtube: https://youtu.be/6rGOiUDRwDw

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La rana que quería ser una rana auténtica

11 Ago

Augusto Monterroso

Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Fin

PDF: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKd0pGRDRvSkxXMlE/view?usp=sharing

 

Instantes

11 Jul

Instantes

Texto apócrifo

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares a donde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Éste poema ha sido objeto de polémica con respecto a su autoría y en Internet puedes encontrar algunos artículos muy interesantes al respecto, aquí dejo algunos:

http://www.borges.pitt.edu/bsol/iainst.php
https://es.wikipedia.org/wiki/Instantes

Aquí también dejo la hoja que reparto en los vagones:
https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKRFJhc3k2U1U3T1k/view?usp=sharing

El viejo maestro

22 Mar

El viejo maestro

Había una vez en el antiguo Al-Andalus, un viejo maestro en el arte de la guerra, ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante. Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo maestro, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.

Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el viejo maestro.

-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Fin

PDF para descarga: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKUGJJM1ZDSVItV28/view?usp=sharing

 

Ver “Varios cuentos” en YouTube

14 Mar

Fragmento de la presentación del libro “Nadie se va todos están aquí” del escritor Alfredo Blancas.

Narración de los cuentos sufíes: “Buena o mala suerte”, “Sólo quiero aire”, “La opinión de los demás”, un cuento de Chuang Tzu “El sueño de la mariposa”, un poema que se le atribuyó erróneamente a Jorge Luis Borges “Instantes”, un cuento de Rumi “Tres consejos” y finalmente un cuento de Augusto Monterroso “La honda de David”.

La mujer perfecta

26 Ene

La mujer perfecta
Cuento Sufi

En alguna ocasión, Nasrudín conversaba con los amigos en la casa del té y les contaba de cómo había emprendido un largo viaje para encontrar a “la mujer perfecta” con quien casarse y les decía:

– Viajé a Bagdad, después de un tiempo encontré a una mujer formidable, atenta, inteligente, culta y de una gran personalidad.

-¿Y por qué no te casaste con ella? –Le preguntaron los amigos.

-¡No era perfecta! -Respondió Nasrudín

-Después me fui a el Cairo, allí conocí a otra mujer ciertamente fabulosa, hermosa, sensible, delicada, tierna y cariñosa.

-¿Y por qué no te casaste con ella? –Le volvieron a preguntar los amigos.

-¡No era perfecta! –Respondió nuevamente Nasrudín.

-Entonces viajé a Samarcanda, allí por fin encontré a la mujer de mis sueños, hermosa e inteligente, sensible, culta, delicada, cariñosa, trabajadora y con tantas virtudes y atributos que ella era “la mujer perfecta”.

-Pero amigo, hemos notado que tampoco te casaste con ella. –Le dijeron los amigos.

-Es que ella también buscaba a “el hombre perfecto”.

FIN

No se puede pedir lo que no se da. ¿Verdad? Pero también en la medida que seamos conscientes de que todos somos perfectos tal como somos, dejaremos de andar buscando la perfección en los demás, como cuando vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga que tenemos en frente, en ese sentido, la perfección no se busca en el otro, sino en uno mismo.

Este cuento lo encontré hace algunos años en un sitio de Internet que desafortunadamente ya no está disponible. Sin embargo, el cuento sigue siendo publicado en otros sitios. La versión que aquí les presento tiene algunas modificaciones que le he venido haciendo con el paso del tiempo, pues al narrarlo en repetidas ocasiones le he encontrando otras palabras o frases que me acomodan mejor para la interpretación.

 

Hoja para descarga:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKYzQzQTBmeDlxMGs/view?usp=sharing

Los amorosos – video-poema

11 Ene

Hoja para descarga:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKNndTcnBBbGQzQ1E/view?usp=sharing

Hace algunos años cuando empecé a decir poemas en el metro, el primero que aprendí fue ‘Los amorosos’ de Jaime Sabines y desde entonces lo he dicho en los vagones del metro una gran cantidad de veces, tomando en cuenta que en un día normal subo aproximadamente a cuarenta vagones, en un año lo habré recitado quizá  1460 veces y bueno, también lo he declamado en otros lugares y llevado al metro varias veces más luego del primer año, así que resulta que es un poema que he repetido miles de veces… Literal!!!

Por ello mismo he trabajado en un video-poema sobre ‘Los amorosos’. El texto se conserva intacto, sin ninguna adaptación. Sin más por el momento, les dejo aquí el resultado de seis meses de trabajo.

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Jaime Sabines [1926-1999]

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