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Ver “Varios cuentos” en YouTube

14 Mar

Fragmento de la presentación del libro “Nadie se va todos están aquí” del escritor Alfredo Blancas.

Narración de los cuentos sufíes: “Buena o mala suerte”, “Sólo quiero aire”, “La opinión de los demás”, un cuento de Chuang Tzu “El sueño de la mariposa”, un poema que se le atribuyó erróneamente a Jorge Luis Borges “Instantes”, un cuento de Rumi “Tres consejos” y finalmente un cuento de Augusto Monterroso “La honda de David”.

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Buena o mala suerte

2 Feb

Buena o mala suerte
Cuento Sufi

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casa del campo, tenían un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, así que el caballo era su bien más preciado.

Un día el caballo escapó saltando por encima de las cercas del corral. El vecino al percatarse de este hecho fue corriendo hasta las puertas del hombre diciendo:

-Tu caballo se escapó ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Mala o buena suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasaron algunos días y el caballo volvió a su corral con diez caballos salvajes que se le habían unido en su aventura. El vecino que estaba al tanto fue a verlo y le dijo:

-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez más. Podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido.

-¿Buena o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Un día, el hijo del hombre montaba a uno de los caballos salvajes para domarlo, pero cayó del caballo y se rompió una pierna. Otra vez el vecino fue a verlo y le dijo:

-Tu hijo se accidentó y ya no podrá ayudarte, tú eres muy viejo y no podrás solo con los trabajos del campo, ¡qué mala suerte has tenido!

-¿Mala o buena suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó el tiempo y en aquél país estalló la guerra con el país vecino, entonces el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al del hombre lo dejaron por estar imposibilitado. El vecino fue corriendo a decirle:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo dejaron por su pierna rota, ¡qué buena suerte la suya! ¡Qué mala suerte la nuestra!

-¿Buena o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

FIN

El cuento pudo extenderse infinitamente hasta que el vecino comprendiera que la buena o la mala suerte no existen y para resumirlo en un dicho muy popular, “no hay mal que por bien no venga” o, ¿no hay bien que por mal no venga?

Nada es bueno, nada es malo, ¿quién se atrevería a cuestionar al Todo?

Enlace para descarga:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKWVpmWHZRLXpPSVE/view?usp=sharing

Los amorosos – video-poema

11 Ene

Hoja para descarga:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKNndTcnBBbGQzQ1E/view?usp=sharing

Hace algunos años cuando empecé a decir poemas en el metro, el primero que aprendí fue ‘Los amorosos’ de Jaime Sabines y desde entonces lo he dicho en los vagones del metro una gran cantidad de veces, tomando en cuenta que en un día normal subo aproximadamente a cuarenta vagones, en un año lo habré recitado quizá  1460 veces y bueno, también lo he declamado en otros lugares y llevado al metro varias veces más luego del primer año, así que resulta que es un poema que he repetido miles de veces… Literal!!!

Por ello mismo he trabajado en un video-poema sobre ‘Los amorosos’. El texto se conserva intacto, sin ninguna adaptación. Sin más por el momento, les dejo aquí el resultado de seis meses de trabajo.

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Jaime Sabines [1926-1999]

Lágrimas de luna

1 Jul

Cuentan que hace mucho tiempo en algún lugar de este universo, en un planeta viejo, hubo una luna enamorada de un árbol que vivía a la orilla de un lago. Cuando la noche caía y la luna se reflejaba sobre el lago cerca de la orilla donde estaba el árbol y el viento mecía las ramas de este y sus hojas caían sobre la superficie del lago; la luna sentía besar las hojas del amado árbol.

Un día llegó el leñador y derribó el árbol. La luna no se enteró porque era de día y el leñador hizo pedazos al árbol y lo llevó a casa donde por la noche alimentó el fuego del hogar. A esa hora la luna ya sabía que el árbol amado ya no estaba a la orilla del lago y sus lágrimas mojaban la superficie del lago que pronto se desbordó inundándolo todo. A la casa del leñador, que estaba en una colina, no llegó pronto el agua de modo que el leñador entró en sus sueños y fue ahí donde vio al árbol erguido a la luz de la luna. El sueño era profundo como el fondo del lago. Terminó de consumirse el árbol en el fuego del hogar mientras agua de lago y lágrimas de luna inundaban la casa del leñador quien en su sueño veía el árbol incendiado a la orilla del lago y veía navegar ramas y hojas aún encendidas sobre las aguas.

De la casa del leñador se veía ascender una larga tira de humo, era el espíritu del árbol liberado rumbo a la luna. Había iniciado uno de esos diluvios que hay cada tanto en algún planeta de algún universo.

Martín Dupá

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Cuento en el metro

12 Jun

“La mosca que soñaba que era un águila” es un cuento de Augusto Monterroso en ésta ocasión narrado por  Martín Dupá quien se caracterizó como payaso en los vagones del metro de la “Línea 2”. Hace muchos años que no lo hacía y se siente muy contento… jajajajaja. Incluso le ha dado por escribir éste post en tercera persona. Así que amigos no se escriba más y aquí les deja el video eh!!!

Saludos letransfusionados y alucinados! 😉

Combinaciones con el cubo Rubik

4 Jun

Mi naturaleza es la de un ser sumamente curioso y además obsesivo con respecto a todo aquello que me atrae, desde la literatura, el teatro, el cine, la pintura, el ajedrez, los malabares, los payasos (algunos insisten en llamarles “clowns” a pesar de que estamos en México), los malabares, la programación, la fotografía, etc.

Esta naturaleza obsesiva me llevó a buscar la solución de un rompecabezas en forma de cubo que se hiciera famoso allá por la década de los 80’s, sí, se trata del famoso “Cubo Rubik” que fue y sigue siendo un verdadero reto para muchos. He conocido en persona a muy pocos que logren armarlo y menos aun a quienes logren hacerlo en poco tiempo. A mi me lleva aproximadamente 2m y mi récord es de 1m 43s, pero esto no es una hazaña considerando que el récord mundial actual es de 7,08s ostentado por el neerlandés Erik Akkersdijk.

Me costó mucho tiempo aprender a resolverlo, al principio ya habiendo memorizado los algoritmos necesarios me tardaba entre 10m y 15m. Luego lo dejé algunos años pues estaba muy obsesionado con el ajedrez, no obstante llegó el día en que lo retomé y entonces comencé a mejorar el tiempo pues me dispuse a aprender nuevos algoritmos y vaya que avancé y mejor aún fue que también inicié una búsqueda personal de más combinaciones, llegando así a quedar satisfecho (por el momento xD). No me interesa competir con otros locos que lo arman en segundos, quizá algún día logre hacerlo ya que también padezco diversos trastornos mentales, pero eso sería sólo para disfrute personal.

La página donde aprendí los algoritmos para la solución es esta: http://www.rubikaz.com/

Aquí el video que acabo de grabar con varias combinaciones y en el que además hago algunos experimentos de edición de video:

Ya no me da tiempo de escribir sobre el editor de video que usé en ésta ocasión, pero pronto lo haré…

Saludos letransfusionados y alucinados! 😉

Triste payaso

15 May

Sin ganas de nada. Hay que empezar otra vez. Y uno se pregunta cómo carajos se puede empezar algo si no hay ni una mínima intención de hacer, lo que sea, pero hacer. Curiosamente se lleva a cabo el prodigio, así todos los días logro salir y sobrevivir en esta gran urbe multicolor, (acaso sea ésta la ciudad que visitó Zaratustra, en visiones).

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Los días pasan y no hay nada. Nada digno de ser mencionado o que tan siquiera emocione a éste tan exigente y triste payaso. Escucho la música en alto volumen en todas partes, no se callan, es insoportable, mucho ruido. Aturdidos vagamos por las calles y ya muy pocos hablamos. Los que se atreven a comunicarse sólo tienen para comentar lo que todos ya han visto en el televisor o escuchado en el radio. Ya todo se sabe, no hay nada oculto. Y todos vamos repitiendo el conocimiento que se nos distribuye generosa y gratuitamente en los nuevos periódicos que regalan en las estaciones del metro. Que suerte vivir en ésta época, ¿cuando iba a imaginar mi abuelo que regalarían algún día los periódicos? Ahora podemos estar bien informados a cada instante, sabemos lo que pasa al otro lado, ¡no del mundo eh! no, sino del mismo universo. Ya sabemos cuando se originó y cuando terminará, afortunadamente nuestros hijos y los nietos de sus nietos no estarán ahí para presenciar el final de todo. Y otros saben que tal final no será un verdadero fin sino un nuevo comienzo para todo y todos. Así es la democracia universal.

Desde que llegaron los viejos humanos y nos contaron que en verdad hay un sin fin de planetas esperando ser habitados y que ellos mismos no han podido explorarlos en su totalidad y que existe la posibilidad de que se sigan encontrando millones más, a éste triste payaso le inunda un sentimiento de nulidad, como si el saber que hay millones y millones de planetas con millones y millones de seres humanos (y por supuesto millones y millones de tristes payasos) lo aplastara con las profundas ganas de aventarse a las vías del metro para acabar con ese sentimiento tan, pero tan aplastante.

Los viejos humanos viajeros del espacio nos han contado que cuando ellos salieron de su planeta fue en busca de sus hermanos pues ya sabían que estamos esparcidos por el universo y que en cada planeta hemos intentado conocer el sentido de nuestra existencia. Nos han enseñado que no hay tal, que en realidad no hay sentido para nadie de nosotros, sólo existimos para encontrarnos a nosotros mismos y como esto no es tan emocionante, hemos optado por encontrarnos en otros y por eso viajamos, de cualquier forma, pero viajamos. Ahora mismo ellos ya existen y no hace falta comprobarlo, aquí están, entre nosotros.

¡Vamos, que todos los payasos mentimos! ¡Por qué tendría que creer a los otros, si no son más que tristes payasos!

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