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La rana que quería ser una rana auténtica

11 Ago

Augusto Monterroso

Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Fin

PDF: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKd0pGRDRvSkxXMlE/view?usp=sharing

 

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La ejecución – Hermann Hesse

28 Jul

La ejecución

Hermann Hesse

En su peregrinación, el maestro y algunos de sus discípulos bajaron de la montaña al llano y se encaminaron hacia las murallas de la gran ciudad. Ante la puerta se había congregado una gran muchedumbre. Cuando se hallaron más cerca vieron un cadalso levantado y los verdugos ocupados en llevar a rastras hacia el tajo a un individuo ya muy debilitado por el calabozo y los tormentos. La plebe se agolpaba alrededor del espectáculo. Hacían mofa del reo y le escupían, movían bulla y esperaban con impaciencia la decapitación.

-¿Quién será y qué delitos habrá perpetrado -se preguntaban unos a otros los discípulos- para que la multitud desee su muerte con tanto afán? Aquí no se ve a nadie que manifieste compasión ni que llore.

-Supongo que será un hereje -dijo el maestro con tristeza.

Siguieron acercándose, y cuando se vieron confundidos con el gentío los discípulos preguntaron a izquierda y derecha quién era y qué crímenes había cometido el que en aquellos momentos se arrodillaba frente al tajo.

-Es un hereje -decía la gente muy indignada-. ¡Hola! ¡Ahora inclina su cabeza condenada! ¡Acabemos de una vez! En verdad ese perro quiso enseñarnos que la ciudad del Paraíso tiene sólo dos puertas, ¡cuando a todos nosotros nos consta perfectamente que las puertas son doce!

Asombrados, los discípulos se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron:

-¿Cómo lo adivinaste, maestro?

Él sonrió y, mientras echaba de nuevo a andar, dijo en voz baja:

-No ha sido difícil. Si fuese un asesino, o un bandolero o cualquier otra especie de criminal, habríamos visto entre las gentes del pueblo pena y compasión. Muchos llorarían y algunos hasta pondrían el grito en el cielo proclamando su inocencia. Al que tiene una creencia diferente, en cambio, se le puede sacrificar y echar su cadáver a los perros sin que el pueblo se inmute.


Aquí lo puedes descargar en PDF:
https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKendYajFUZzFKUjg/view?usp=sharing

 

Ver “Varios cuentos” en YouTube

14 Mar

Fragmento de la presentación del libro “Nadie se va todos están aquí” del escritor Alfredo Blancas.

Narración de los cuentos sufíes: “Buena o mala suerte”, “Sólo quiero aire”, “La opinión de los demás”, un cuento de Chuang Tzu “El sueño de la mariposa”, un poema que se le atribuyó erróneamente a Jorge Luis Borges “Instantes”, un cuento de Rumi “Tres consejos” y finalmente un cuento de Augusto Monterroso “La honda de David”.

Tres consejos

7 Mar

TRES CONSEJOS
Rumi

Un hombre atrapó a un pájaro en una trampa. El pájaro dijo:

-Señor, has comido muchas vacas y ovejas a lo largo de tu vida y todavía sigues hambriento. La poca carne de mis huesos tampoco te dejará satisfecho. Pero si me dejas ir, te daré tres consejos de sabiduría. El primero te lo daré en la palma de tu mano, el segundo en el tejado y el tercero en una rama de aquél árbol.

El hombre se mostró interesado. Liberó al pájaro y lo puso en la palma de su mano. Entonces escuchó el primero:

-No te lamentes por el pasado, ya pasó.

Y el pájaro voló al tejado, desde allí le dijo:

– No creas en cosas absurdas, las diga quién las diga.

Luego continuó diciendo:

– En realidad, yo llevo una gran perla escondida en mi cuerpo con un peso como de diez monedas de cobre. Iba a ser una herencia para ti y tus hijos, pero ahora la has perdido. Pudiste ser el hombre dueño de la perla más grande que existe, pero, evidentemente, ya no es así.

El hombre empezó a soltar alaridos y maldiciones. El pájaro le dijo:

-Señor ¿no te acabo de decir que no te lamentes por el pasado? También te dije que no creyeras en cosas absurdas, las diga quien las diga. Si yo llevara una perla tan grande ¿podría acaso siquiera levantar el vuelo? ¡Pues claro que no!

Entonces el hombre se calmó y pidió el tercer consejo. El pájaro voló a una rama del árbol y desde allí le dio el tercer consejo:

-Felicidades, has hecho muy buen uso de los dos primeros. Ahora que ya estás más despierto, escucha el tercero: no des consejo a quién esté aturdido o durmiéndose, es como sembrar en la arena.

Fin

PDF para descarga: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKRVcyLTA3dTJRLXc/view?usp=sharing

 

Sólo quiero aire

18 Feb

Solo quiero aire
(cuento sufi)

Un joven fue a ver a un sabio maestro y le preguntó:

-Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio no contestó. El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:

-¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?

El sabio le dijo:

-Está bien, está bien… has sido muy persistente y eso te ayudará pero ahora ven conmigo.

Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua. Pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo. Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento. Entonces preguntó el sabio:

-Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?

Sin vacilar contestó el joven:

-Aire, quería aire.

-¿Cómo, no hubieras preferido riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?

-No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.

-Entonces -contestó el sabio-, para conseguir lo que tú quieres debes desearlo con la misma intensidad que querías el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demás. Debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda lo que quieres.

FIN

Descarga PDF:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKRkp2b182YW5TN0U/view?usp=sharing

“Lo que sucedió a una mujer llamada Doña Truhana”

9 Feb

Esta entrada fue publicada hace siete años (09/12/2008 04: 24). Hoy la actualizo como parte del trabajo de reconstrucción de éste proyecto: Letransfusión.

Ahora les traigo el más reciente cuento que estoy llevando a los vagones del metro. Ojalá sea de su agrado:

Lo que sucedió a una mujer que se llamaba doña Truhana

Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:

-Patronio, un hombre me ha propuesto una cosa y también me ha dicho la forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas ventajas que, si con la ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran utilidad y provecho, pues los beneficios se ligan unos con otros, de tal forma que al final serán muy grandes.

Y entonces le contó a Patronio cuanto él sabía. Al oírlo Patronio, contestó al conde:

-Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías, pues muchas veces a quienes viven de ellas les suele ocurrir lo que a doña Truhana.

El conde le preguntó lo que le había pasado a esta.

-Señor conde -dijo Patronio-, había una mujer que se llamaba doña Truhana, que era más pobre que rica, la cual, yendo un día al mercado, llevaba una olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le diesen, compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que luego, con el dinero que le diesen por las gallinas, compraría ovejas, y así fue comprando y vendiendo, siempre con ganancias, hasta que se vio más rica que ninguna de sus vecinas.

»Luego pensó que, siendo tan rica, podría casar bien a sus hijos e hijas, y que iría acompañada por la calle de yernos y nueras y, pensó también que todos comentarían su buena suerte pues había llegado a tener tantos bienes aunque había nacido muy pobre.

»Así, pensando en esto, comenzó a reír con mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la frente, la olla cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Doña Truhana, cuando vio la olla rota y la miel esparcida por el suelo, empezó a llorar y a lamentarse muy amargamente porque había perdido todas las riquezas que esperaba obtener de la olla si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.

»Vos, señor conde, si queréis que lo que os dicen y lo que pensáis sean realidad algún día, procurad siempre que se trate de cosas razonables y no fantasías o imaginaciones dudosas y vanas. Y cuando quisiereis iniciar algún negocio, no arriesguéis algo muy vuestro, cuya pérdida os pueda ocasionar dolor, por conseguir un provecho basado tan sólo en la imaginación.

Al conde le agradó mucho esto que le contó Patronio, actuó de acuerdo con la historia y, así, le fue muy bien.

Y como a don Juan le gustó este cuento, lo hizo escribir en este libro y compuso estos versos:

En realidades ciertas os podéis confiar,
mas de las fantasías os debéis alejar.

FIN

Aquí el PDF para que lo impriman, compartan y recuerden que esta hoja es un esfuerzo por fomentar el gusto por la palabra escrita y difundir el conocimiento en nuestro pueblo. Si consideras importante este hecho, te invito a que hagas copias y las distribuyas. Si haces diez copias y quienes reciban una hacen otras tantas: pronto habrá más lectores.

Gracias.

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKX0ZtRWVfbUtzakE/view?usp=sharing

Buena o mala suerte

2 Feb

Buena o mala suerte
Cuento Sufi

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casa del campo, tenían un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, así que el caballo era su bien más preciado.

Un día el caballo escapó saltando por encima de las cercas del corral. El vecino al percatarse de este hecho fue corriendo hasta las puertas del hombre diciendo:

-Tu caballo se escapó ¿qué harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-¿Mala o buena suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasaron algunos días y el caballo volvió a su corral con diez caballos salvajes que se le habían unido en su aventura. El vecino que estaba al tanto fue a verlo y le dijo:

-No sólo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez más. Podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido.

-¿Buena o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

Un día, el hijo del hombre montaba a uno de los caballos salvajes para domarlo, pero cayó del caballo y se rompió una pierna. Otra vez el vecino fue a verlo y le dijo:

-Tu hijo se accidentó y ya no podrá ayudarte, tú eres muy viejo y no podrás solo con los trabajos del campo, ¡qué mala suerte has tenido!

-¿Mala o buena suerte? Sólo Alá lo sabe.

Pasó el tiempo y en aquél país estalló la guerra con el país vecino, entonces el ejército iba por los campos reclutando a los jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al del hombre lo dejaron por estar imposibilitado. El vecino fue corriendo a decirle:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo dejaron por su pierna rota, ¡qué buena suerte la suya! ¡Qué mala suerte la nuestra!

-¿Buena o mala suerte? Sólo Alá lo sabe.

FIN

El cuento pudo extenderse infinitamente hasta que el vecino comprendiera que la buena o la mala suerte no existen y para resumirlo en un dicho muy popular, “no hay mal que por bien no venga” o, ¿no hay bien que por mal no venga?

Nada es bueno, nada es malo, ¿quién se atrevería a cuestionar al Todo?

Enlace para descarga:

https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKWVpmWHZRLXpPSVE/view?usp=sharing

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