El mendigo – Felipe J. Perez

2 Mar

Una de las cosas que suceden a menudo en este blog es que al pasar por aquí, hay quienes buscan poemas que les recitaban sus padres, abuelos, seres queridos y también los que han escuchado por ahí y que no tuvieron oportunidad de saber quién era el autor o que simplemente han olvidado.

Este es el caso, en el 2010 Mariela (sólo dejo su nombre https://letransfusion.wordpress.com/2008/02/25/reir-llorando-garrick-juan-de-dios-peza/#comment-2519) comentó que buscaba un poema y por aquellos años no lo pude encontrar, ha pasado el tiempo y Leonardo lo mismo que Mariela recuerda un fragmento del poema, por ello googleando un poco encontré esta publicación: http://abuelas.obolog.es/poema-anciano-79215. En los comentarios aparece lo que sería el poema completo:

El mendigo (1890)

“Un infeliz pordiosero,
bajo el puente reclinado
descansaba fatigado
de tanto pedir y andar.
Un joven que iba de prisa
tropezó con el anciano
y le arrancó de la mano
su garrote y su morral.
Volvió la vista y como era
un infeliz sin fortuna
no tuvo pena ninguna
del daño que le causó.
-¡Anda! le dijo el anciano
que si llegas a mis años,
otro te hará iguales daños
y no tendrá compasión.
Se acaba la primavera
pasa el calor del estío
y llega el invierno frío
a quitarnos el vigor.
Se hielan las amistades
se deshace la riqueza
y el que pasa nos tropieza
y no nos pide perdón.
A la voz del viejo, el joven
volvióse y dijo apenado:
Dispensad, he tropezado
porque al pasar no os miré-
A tu edad nada se mira,
joven, porque nada importa
¡cuando la vida se acorta
es que se comienza a ver!

Felipe J. Pérez

Jorge López, quien dejó el poema, comenta:

La Poesìa està en el libro de lectura para la escuela primaria llamado VIDA… lo usò mi mamà en 1917 ò 1918… yo tengo 70 años, gracias por recordarmela. el Libro es de Josè Figueira de editorial Cabaut, la ùltima ediciòn que conozco es de 1937.
Jorge

 

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¡Sí, yo hablo!

19 Ago

Las nueve vacas

28 Nov

“Las nueve vacas” es uno de esos cuentos que no podría narrar en los vagones del metro por su extensión, quizá más adelante haría algunas adaptaciones para poder hacerlo. Mientras tanto es uno de los que he incluido en mi repertorio para eventos.

¡Saludos y éxito!

En Youtube: https://youtu.be/6rGOiUDRwDw

La rana que quería ser una rana auténtica

11 Ago

Augusto Monterroso

Había una vez una rana que quería ser una rana auténtica, y todos los días se esforzaba en ello.

Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.

Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una rana auténtica.

Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.

Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena rana, que parecía pollo.

Fin

PDF: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKd0pGRDRvSkxXMlE/view?usp=sharing

 

La ejecución – Hermann Hesse

28 Jul

La ejecución

Hermann Hesse

En su peregrinación, el maestro y algunos de sus discípulos bajaron de la montaña al llano y se encaminaron hacia las murallas de la gran ciudad. Ante la puerta se había congregado una gran muchedumbre. Cuando se hallaron más cerca vieron un cadalso levantado y los verdugos ocupados en llevar a rastras hacia el tajo a un individuo ya muy debilitado por el calabozo y los tormentos. La plebe se agolpaba alrededor del espectáculo. Hacían mofa del reo y le escupían, movían bulla y esperaban con impaciencia la decapitación.

-¿Quién será y qué delitos habrá perpetrado -se preguntaban unos a otros los discípulos- para que la multitud desee su muerte con tanto afán? Aquí no se ve a nadie que manifieste compasión ni que llore.

-Supongo que será un hereje -dijo el maestro con tristeza.

Siguieron acercándose, y cuando se vieron confundidos con el gentío los discípulos preguntaron a izquierda y derecha quién era y qué crímenes había cometido el que en aquellos momentos se arrodillaba frente al tajo.

-Es un hereje -decía la gente muy indignada-. ¡Hola! ¡Ahora inclina su cabeza condenada! ¡Acabemos de una vez! En verdad ese perro quiso enseñarnos que la ciudad del Paraíso tiene sólo dos puertas, ¡cuando a todos nosotros nos consta perfectamente que las puertas son doce!

Asombrados, los discípulos se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron:

-¿Cómo lo adivinaste, maestro?

Él sonrió y, mientras echaba de nuevo a andar, dijo en voz baja:

-No ha sido difícil. Si fuese un asesino, o un bandolero o cualquier otra especie de criminal, habríamos visto entre las gentes del pueblo pena y compasión. Muchos llorarían y algunos hasta pondrían el grito en el cielo proclamando su inocencia. Al que tiene una creencia diferente, en cambio, se le puede sacrificar y echar su cadáver a los perros sin que el pueblo se inmute.


Aquí lo puedes descargar en PDF:
https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKendYajFUZzFKUjg/view?usp=sharing

 

Instantes

11 Jul

Instantes

Texto apócrifo

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho
tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría
más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares a donde nunca he ido, comería
más helados y menos habas, tendría más problemas
reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría de tener
solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos;
no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Éste poema ha sido objeto de polémica con respecto a su autoría y en Internet puedes encontrar algunos artículos muy interesantes al respecto, aquí dejo algunos:

http://www.borges.pitt.edu/bsol/iainst.php
https://es.wikipedia.org/wiki/Instantes

Aquí también dejo la hoja que reparto en los vagones:
https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKRFJhc3k2U1U3T1k/view?usp=sharing

El viejo maestro

22 Mar

El viejo maestro

Había una vez en el antiguo Al-Andalus, un viejo maestro en el arte de la guerra, ya retirado que se dedicaba a enseñar el arte de la meditación a sus jóvenes alumnos. A pesar de su avanzada edad, corría la leyenda que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierto día apareció por allí un guerrero con fama de ser el mejor en su género. Era conocido por su total falta de escrúpulos y por ser un especialista en la técnica de la provocación. Este guerrero esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y después con una inteligencia privilegiada para captar los errores del contrario atacaba con una velocidad fulminante. Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo maestro, estaba allí para derrotarlo y así aumentar su fama de invencible. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública con todos los alumnos y gentes del lugar. El joven empezó a insultar al viejo maestro. Le escupió, tiró piedras en su dirección, le ofendió con todo tipo de desprecios a él, sus familiares y antepasados. Durante varias horas hizo todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró.

Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tanta indignidad de manera cobarde sin sacar su espada, asumiendo el riesgo de ser vencido.

-Si alguien te hace un regalo y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo? -preguntó el viejo maestro.

-A quién intentó entregarlo -respondió un discípulo.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -dijo el maestro-, cuando no son aceptados continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Fin

PDF para descarga: https://drive.google.com/file/d/0B3qMrxnKJ_HKUGJJM1ZDSVItV28/view?usp=sharing

 

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